La montaña te enseña

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Siempre me han aterrado las páginas en blanco, de algún modo pienso que debo iniciar con un párrafo impactante, para enganchar al lector y me lleno de dudas sobre cuál sería el mejor comienzo; esto me distrae del verdadero sentido del mensaje pero ahí estoy, pensando y pensando y así pasaron los meses. Pues aquí estoy y superé esta hoja en blanco que me persiguió desde que retomé el blog después de mi viaje; pero esta vez no he venido a escribir sobre el mejor viaje de mi vida sino sobre uno de los más retadores viajes de mi vida. Primero deben saber que no soy una persona deportista, de hecho me da pereza ir al gimnasio o salir a correr pero ahí estaba yo, como siempre, alentándome a hacer algo que me haga salir de los días iguales: Trekking a Choquequirao.

Ya he escrito un post contándoles acerca del camino y cómo fue el día a día, pero como resumen deben saber que es una caminata de nivel intermedio (porque debe haber otras mucho más difíciles), implica bajar el cañón del Apurimac y volverlo a subir, además se debe hacer lo mismo para regresar. En total son 32 Km de caminata hasta Choquequirao.

Cuando caminas por tantas horas, no deberías hablar mucho, para guardar energía, eso deja muchas muchas muchas horas para entrar en tus pensamientos y conectar no solo con la naturaleza, sino también contigo mismo. Pues es lo que pasó conmigo, no paraba de pensar en que ese camino es como la vida y reflexioné sobre algunas cosas en esos 3 días de caminata que me gustaría compartir (sinceramente, son muy pocas las personas con las que he hablado sobre esto).

Empatía: Los que han hecho trekkings saben que siempre te cruzas con personas que o ya están de regreso o pasan por tu costado a otro ritmo, reflexioné sobre la importancia de compartir un saludo o una sonrisa, darles una muestra de empatía, incluso un “Vamos! Falta poco!” les cambiaba el semblante. Cada uno va por el camino a su manera, a su propio ritmo, con diferente estado físico y realmente nadie sabe lo que le cuesta a cada uno caminar ese camino. Así que la empatía fue algo que me pareció importante para caminar la vida, no solo por cómo reaccionaba la gente, sino también porque me hizo sentir motivada, comprendida y acompañada en ese camino que todos recorríamos.

Necesitar ayuda: Me ha pasado y me sigue pasando todos los días, me cuesta pedir ayuda cuando la necesito… orgullo? No lo sé, pero muchas veces me mato haciendo sola algunas cosas porque me cuesta pedir ayuda. Pero la verdad es que no está mal pedirla, no eres débil ni debes sentirte menos por necesitarla. Lo mismo pasaba en el camino, a veces necesitaba una mano para impulsarme y continuar, puedes necesitar luz si caminas de noche y no tienes linterna o solo que te inviten agua o te indiquen dónde está la parada más cercana.

Silencio: Precisamente pensaba en todo esto porque me encontraba en silencio, porque necesitaba guardar energía para caminar. A veces gastamos inútilmente energía parloteando sobre nosotros, para impresionar a personas a las que ni siquiera les interesa. Desde el silencio podemos entrar en nosotros mismos y descubrirnos (que quizás es la tarea que menos hacemos), porque estamos distraídos con el ruido de otros y el nuestro.

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Motivación: De verdad que esto es algo que me costó mucho, cuando el camino se hace difícil, es muy fácil perder la motivación, preguntarnos si tenemos la capacidad suficiente para recorrerlo, de hecho dudaremos y pensaremos en rendirnos; algunas veces hemos recorrido tanto que nos encontramos en el medio sin saber si seguir avanzando o comenzar otro camino de vuelta, sin saber cuánto realmente falta, con miedo de no saber cuándo acaba, acaso no suena como la vida? Debo confesar que literal he llorado caminando hacia Choquequirao y quien me acompañaba puede dar fe de ello. Puede sonar muy cliché pero más allá de las palabras de aliento, lo único que me mantenía caminando era que la meta siempre estaba en mi mente, esto respondía a mi pregunta “Por qué estoy haciendo esto?”, lo cual se repetía muy seguido en mi cabeza a lo largo del camino. Así que está bien cuestionarse, dudar y sentir que tal vez no sabes si continuar o no, pero también está bien responderse y ser sincero con uno mismo sobre la importancia para ti de lo que estás o no haciendo.

Tu mochila: Con tantos meses viajando con dos mochilas he aprendido sobre la importancia de escoger bien la carga, pero para caminos como estos es aún más importante porque no te separas de tu carga. Se entiende la analogía? En la vida escogemos llevar cargas que no nos ayudan, que más bien nos hacen más lentos; algunas cargas al comienzo son llevaderas pero con el tiempo se van haciendo cada vez más pesadas y esos “por si acaso lo llevo en la mochila” terminan hundiéndote, a veces en la vida andamos llevando cargas innecesarias que en vez de que alguna vez nos sean útiles, solo sirven para que nos duela más caminar. Así que escoge bien tu carga y las cuerdas de las que te vas atando.

Descansos: Esto me pareció super importante, muchas veces (y sobre todo en el trabajo), nos olvidamos de la importancia de descansar y ahora me pasa mucho, nos olvidamos de que nuestro cuerpo es nuestro instrumento y así como necesita comida, también necesita descanso para procesar y recargar energías. No hay que matarnos a nosotros mismos! Descansa y disfruta del paisaje, tómate un momento para estar en silencio y contemplar cómo está tu vida en ese momento, qué puedes hacer para mejorar tu experiencia en el camino; si estás feliz, abraza ese momento y agradece; si estás triste, también agradece porque a partir de ese momento, no te va a quedar más remedio que seguir empujando hacia  adelante.

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El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional: En el camino, después de algunas horas comenzaba a sentir las piernas cansadas, estaba agitada, me dolían los pies y los brazos, de pronto el camino se volvió una serie de quejas y no solo estaba cansándome más por ellas, sino también a los que iban conmigo. Entonces podemos ver el dolor como algo que definitivamente iba a pasar, de hecho es algo real, algo físico; sin embargo sufrir era una elección, era la forma en la que había decidido sobrellevar mi dolor (no necesariamente la mejor) Acaso era necesario? En la vida, tenemos la oportunidad de elegir cómo vamos a vivir diferentes situaciones que harán que tanto el dolor como el sufrimiento estén presentes, el problema es cuando el sufrimiento se prolonga innecesariamente, porque a través de él jugamos a ser víctimas, a manipular y definitivamente no nos ayuda a sentirnos mejor y avanzar. Terminamos gastando energía en esto y gastando también la energía de los demás.

Paciencia: Está de más decirlo, creo que al ser un camino tan largo (de varios días) esto era lo que más debía practicar. No iba a llegar a la meta en un día, así hay caminos largos, otros cortos pero debemos saber que todo lleva su propio tiempo y aprender a disfrutar de ese proceso que nos va transformando.

Me faltó comentar un punto pero esto no es algo que pensé durante el camino sino lo escuché en el matrimonio de una amiga, cuando ella leía sus votos y me pareció demasiado cierto. Algo que también es muy importante sobre el camino y la vida es escoger a un buen compañero de ruta, alguien con quien formes un buen equipo, alguien que te motive cuando se acaben las fuerzas, alguien que te dé la mano cuando lo necesitas, alguien con quien llegar a la meta sea una aventura y no un calvario, que descanse contigo o te espere para llegar juntos a la meta y celebrarla a morir! Mi amiga hizo una analogía sobre las caminatas que hizo a lo largo de su vida con su novio y llegó a la conclusión de que solo había podido llegar hasta el final, porque estaban juntos, me pareció una de las cosas más hermosas que había escuchado.

Recuerdo una vez que estaba en Cusco y hablaba con un guía que solía hacer caminatas, me decía que no solo se disfrutaba del camino por los paisajes y la paz, sino también porque LA MONTAÑA TE ENSEÑA y esta es una frase que se me quedó grabada pero no tenía ningún sentido hasta el día que llegué a Choquequirao 🙂

Un abrazo y hasta la próxima aventura!

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